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viernes, 10 de mayo de 2019

Amenazas y drogas: el día a día en un centro de menores con un solo vigilante.

Crónica Global / Joaquín Seisdedos trabaja como vigilante de seguridad en Can Rubió (Esparreguera), un centro de menores que desde 2018 acoge a adolescentes con problemas de conducta. “Llevamos 27 años como espacio terapéutico, el equipo está acostumbrado a lidiar con situaciones complicadas, y niños con trastornos mentales. Pero la violencia extrema que se está dando ahora, de agresiones y amenazas con armas blancas, va mucho más allá", explica a Crónica Global. Para combatirla, cuentan con un solo empleado entre las 6:00 y las 23:00 horas.

Esta pasada Semana Santa, encontraron a un menor con disolvente en su habitación. "Se encontraba bajo los efectos de la sustancia y se puso muy agresivo, amenazando y agrediendo. Como no pudimos contenerlo, requerimos la presencia de los Mossos d'Esquadra en dos ocasiones. Estuvo detenido, regresó al centro, y volvió a suceder lo mismo", explica Seisdedos. “Se están produciendo ingresos de adolescentes con antecedentes de delincuencia muy notables. No manifiestan estallidos de rabia, sino una violencia planificada e introducen objetos muy peligrosos como cuchillos y navajas”, cuenta

Protocolo de seguridad

Este no es el único caso. Otro menor, que ya se ha fugado del centro en varias ocasiones, lanzó una piedra de gran tamaño contra la luna de una furgoneta que transportaba a varios de sus compañeros. "Pidió algo que se le negó y atacó el vehículo cuando estaba en marcha. Pudo haber causado un incidente muy grave", cuenta Seisdedos

Es la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) de la Generalitat la encargada de garantizar la seguridad en estos centros pero no lo está haciendo. El protocolo de seguridad que suscribió este organismo "se ha quedado en papel mojado", critica este vigilante. "Este documento recoge que el director del centro tiene la obligación de presentar una denuncia cuando se produce una agresión de uno de los jóvenes hacia algún trabajador, pero lo que él nos cuenta es que cuando acude a la comisaría, le dicen que no pueden atender la queja y que debe ser el afectado el que la presente", explica. El Govern también suscribió que, en caso de menores reincidentes, estos serían apartados de centro en el que se hubiesen producido, “y tampoco se está aplicando. En Can Rubió varios han protagonizado casos muy graves y siguen allí”, lamenta.

Menores "atemorizados"

Para evitar que los jóvenes introduzcan objetos peligrosos en el centro, se encargan de registrarlos, pero "son menores que saben perfectamente donde esconder los artefactos para que no se detecten con un simple cacheo o inspección de bolsos o bolsillos”, cuenta Seisdedos. Por eso motivo, una de los demandas de los vigilantes es que se instale un detector de metales, “como los que ya hay en los edificios públicos. Necesitamos los medios suficientes para poder desarrollar nuestro trabajo con un mínimo de garantías”, subraya.

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