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miércoles, 14 de agosto de 2019

La sombra de Eulen vuelve a El Prat: empleo precario y millonarios beneficios pese a las huelgas

María José Álvarez, presidenta de Eulen Grupo Eulen
Fernando Cano / Huelgas en aeropuertos de trabajadores de Eulen. Un titular que se puede leer prácticamente todos los veranos, puentes y navidades de los últimos tres años y que se ha convertido en un triste clásico de la época estival en la que los viajeros deben soportar largas horas de espera por las paralizaciones de los guardias de seguridad y personal auxiliar de la compañía.

Eulen es una de las mayores multinacionales de servicios auxiliares con casi 30.000 empleados en España, con contratos en los aeropuertos más importantes de España como El Prat y Barajas, pero que se ha hecho célebre por las continuas huelgas de sus trabajadores que denuncian precarización del empleo y malas condiciones laborales.

Presidida por María José Álvarez, el enrarecido clima laboral de la compañía es un fiel reflejo de las disputas familiares por el control de Eulen. David Álvarez, su padre y fundador de la empresa y de la bodega Vega Sicilia, falleció en noviembre de 2015 sin cerrar la guerra familiar que le enfrentó a él y a María José y su hermano Jesús David, con sus otros cinco vástagos: Marta, Elvira, Juan Carlos, Emilio y Pablo.

Mientras los hermanos controlan la bodega familiar y El Enebro, la patrimonial de la familia que está repartida en partes iguales entre todos los herederos de David Álvarez; María José se mantiene como administradora única de Eulen a través de su sociedad Daval Control (con el 59% de Eulen). De carácter reservado, poco dada a llegar a acuerdos y dura en el trato, sus hermanos la responsabilizan de los problemas de la empresa de servicios.

Eulen, la "joya de la corona"

María José controla la joya de la corona. Mientras Vega Sicilia facturó 37,4 millones en 2018, Eulen ingresó 651,4 millones. Y es que Eulen se ha hecho fuerte en la época de mayores problemas laborales con sus trabajadores logrando beneficios por 14,1 millones de euros en los dos últimos años (4,8 millones en 2017 y 9,3 millones en 2018), periodo en el que se han multiplicado las huelgas de sus trabajadores en El Prat y Barajas.

Las cuentas de la compañía remitidas al Registro Mercantil indican que los ingresos de la empresa crecieron un 6,4% en plena tormenta laboral hasta los 651 millones. En este mismo periodo los gastos de plantilla crecieron apenas un 3%, la mitad de los ingresos, hasta los 517,9 millones de euros.

Eulen S.A, la sociedad con la que operan en España, declaró tener 28.543 trabajadores al cierre de 2018. Si consideramos que los gastos de personal son de 517 millones vemos que el sueldo medio pagado por la compañía fue de 18.145 euros brutos. Esto sin incluir los salarios de los directivos, que dejarían la media de los trabajadores de aeropuertos -los que realizan huelga- en una cifra muy inferior.

Pero el problema no es solo el salario. De estos 28.543 trabajadores, 11.326 son sin contrato indefinido, elevando la tasa de temporalidad de su plantilla al 40%. Precisamente las demandas de los trabajadores tienen que ver con esta temporalidad y con los bajos salarios que la compañía paga a sus empleados.

Dos años de huelgas

El caso más reciente lo tenemos en El Prat. Los trabajadores de seguridad del aeropuerto de Barcelona enfrentan su sexto día de paro indefinido pidiendo mejoras en cuestiones como la compensación de la sobrecarga de trabajo con un plus de un euro por hora trabajada, la formación que reciben, que se cumpla con la paridad entre los trabajadores y que se garanticen los descansos.

La empresa concesionaria es Trablisa, adjudicataria del servicio de seguridad en el Aeropuerto de Barcelona desde junio de 2018 y hasta mayo del año que viene. Trablisa hereda la concesión y la subrogación de sus casi 400 trabajadores de Eulen, la anterior concesionaria, que ya vivió huelgas en verano de 2017 y que perdió su concesión tras la fuerte conflictividad laboral.

Después de un laudo con Eulen y una huelga que generó caos en ese verano, se estableció un complemento de hasta 200 euros por 12 mensualidades, que absorbía las otras bonificaciones que puedan tener los trabajadores, de manera que los salarios, que oscilaban entre los 900 euros y los 1.100, quedaban equiparados. Los trabajadores nunca terminaron de estar contentos con estas condiciones, un escasa mejora que Eulen heredó a Trablisa y que le convierte en el germen del conflicto que se está viviendo estos días en El Prat.

Pero la historia de conflictos de Eulen es larga. El precedente más reciente lo tenemos en Barajas donde los vigilantes de seguridad mantuvieron paralizaciones durante diciembre del año pasado y enero de este año.

"Vulnerar el derecho a huelga"

El comité de huelga exigía que la empresa abonara los pluses que les correspondían a los vigilantes, como los de radioscopia, rotación y productividad, que Eulen se comprometió a abonar, así como a cumplir con la normativa de paridad en el control de arcos (disponibles vigilantes hombres y mujeres para la revisión de los viajeros) y que proporcionara los materiales de trabajo necesarios, como ropa de abrigo. Beneficios, en teoría, acordados con el Ministerio de Fomento.

En este proceso, los trabajadores demandaron a la empresa por vulnerar el derecho a huelga, "venir obviando en las negociaciones al comité de huelga", así como de haber decretado "de forma unilateral y abusiva" unos servicios mínimos de hasta el 100%.

Y suma y sigue. Durante el verano de 2017, fueron los responsables de la mega-huelga de El Prat que se mantuvo hasta septiembre y amenazaron con movilizaciones simultáneas en Barajas. Los trabajadores de la empresa consultados por este diario insisten en señalar que las condiciones que ofrece la empresa no son las óptimas y que en el caso de los aeropuertos, la precariedad es mayor.

Su sueldo oscila según la antigüedad y algunos complementos, pero el grueso del personal cobra entre 900 euros y 1.100 euros, pese a las continuas movilizaciones de los últimos años. Esto obliga a los trabajadores a realizar horas extras que aumentan su carga laboral, pero no mejoran sustancialmente sus remuneraciones.

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